En el artículo sobre cómo distinguir el miedo bueno del miedo tóxico ya avanzamos la gran consecuencia genérica de no saber gestionar y superar este último: nos paraliza y nos impide sacar todo nuestro potencial. En este artículo profundizaremos un poco más sobre las consecuencias que tiene sobre tu cuerpo y sobre tu mente el no saber gestionar y desactivar tus miedos.

Volvamos a insistir, antes de profundizar, que el miedo es una emoción básica de alerta y nerviosismo heredada de nuestros ancestros y que surge ante la sensación de un peligro presente o futuro. Es, por tanto, una reacción cuyo objetivo de origen es el de ayudarnos a adaptarnos al medio y sobrevivir.

Visto de ese modo, llegamos a la conclusión de que el miedo en cierto modo es un maestro, ya que nos ayuda a aprender aquello que es bueno o malo para nosotros. Más aún: nos ayuda a predecir y evitar.

 

Cuando el miedo es paralizante

Sin embargo, cuando el miedo surge como una respuesta exagerada ante una situación que no se reconoce como peligrosa (para todo los demás, claro… para ti es un mundo), tenemos un problema. Y lo es porque el miedo desemboca en un malestar innecesario, en una preocupación constante y casi en una obsesión. Todo ello, como ya hemos hablado, te paraliza y te impide sacar todo tu potencial.

Esa parálisis, ese freno a tu crecimiento y desarrollo personal, es la consecuencia de una serie de efectos sobre tu cuerpo y sobre tu mente. Veamos algunos ejemplos.

 

Efectos físicos del miedo

Tu cuerpo entra en alerta y activa el sistema nervioso simpático, parte encargada de la activación física de huida o de enfrentamiento. Tu corazón bombea más sangre, la adrenalina se dispara, los músculos entran en tensión, tus pulmones envían más oxígeno y, uno de los efectos que más te sonará: el estómago se cierra.

¿Te ha ocurrido que en mitad de una situación así, te quedas bloqueado? Seguramente, como a todos. Resulta que si bien el cuerpo se prepara para huir o enfrentarse, los efectos del miedo en tu mente pueden llegar a bloquearte hasta en momentos en donde lo último que te conviene es quedarte parado. Por eso es conveniente saber identificar y gestionar los miedos como respuesta ante una situación. En otras palabras: necesitas controlar tu mente.

 

Efectos emocionales del miedo

Las consecuencias del miedo sobre tu mente pueden ir desde el agobio, el malestar, el estrés… Hasta la derivación en insomnio, ataques de ansiedad, caída en picado de tu autoestima, pérdida absoluta de confianza, inseguridad, vulnerabilidad o culpabilidad.

Sentimientos y emociones todas ellas provocadas por una visión irreal de la situación. Afectan a la forma en la que percibimos la realidad, creyendo que el mundo es un lugar inseguro, que todas las personas son peligrosas, o que nada tiene sentido.

Entramos en una espiral de queja, de victimismo, incluso de intento obsesivo de control o reacciones agresivas o imprudentes a fin de evitar ese ataque irreal que creemos que vendrá.

Vivir en ese estado, además de agotador e insoportable, es absolutamente insano. Y no solo para tu mente, también para tu cuerpo, como demuestran muchos estudios que aseguran que un estado duradero de ansiedad o estrés deriva en síntomas físicos tales como: dolor abdominal, mareo, dolores de cabeza, fatiga

Si quieres vivir en paz y de una forma más sana, aprende a gestionar tu miedo o él se hará con el control de tu vida. Recuerda: tener miedo es inevitable, pero superarlo es una decisión.